Mentir es una estrategia que los niños utilizan para afrontar situaciones que les disgustan. Una de las razones más comunes es evitar las consecuencias negativas de sus acciones.

Cuando notan una expresión de enfado en sus padres o han aprendido que una acción parecida ha terminado en reprimenda, tratan de evitar esas consecuencias negando lo ocurrido.

No decir la verdad les ayuda también a mantener una imagen positiva ante los demás, evitando así decepcionar a los adultos.

Mentir les ayuda a evitar problemas. Pero ¿acaso no se dan cuenta de que es evidente que no dicen la verdad?

A edades tempranas, aún no han desarrollado ciertas habilidades cognitivas propias de etapas evolutivas posteriores. Por ejemplo, no pueden anticipar las consecuencias de sus acciones y por tanto no son capaces de prever que una mentira puede ser descubierta.

Tampoco han adquirido la capacidad de entender que los pensamientos y emociones de los demás pueden ser diferentes a los suyos propios. Creen que los otros van a pensar como ellos y que, por tanto, creerán su versión de la historia.

¿Cómo aprenden a mentir?

La observación juega un papel clave en el aprendizaje de la conducta de mentir. Los niños con frecuencia observan a los adultos decir pequeñas mentiras en el día a día.

Frases como «no le digas a papá que has comido galletas» o «estaremos de viaje» para no asistir a una cena, transmiten la idea de que las pequeñas mentiras son aceptables.

En sus primeras experiencias con este tipo de situaciones, reaccionan a menudo con ingenuidad. No es extraño que contradigan sorprendidos a los adultos, revelando al padre lo ricas que estaban las galletas o informando a la vecina de que el supuesto viaje nunca existió.

Con el tiempo, y tras varias situaciones similares, el niño interioriza que en ciertos casos mentir es admisible. Esto ocurre a menudo cuando los padres minimizan la importancia de esas pequeñas mentiras, a las que ellos mismos también recurren en ocasiones.

Conforme van creciendo, los niños aprenden que las mentiras pueden ser descubiertas y van modificando su forma de mentir. Si sus mentiras se detectan con facilidad, aprenden que mentir es una estrategia que no funciona y que genera desconfianza por parte de los demás. Si logran engañar, perfeccionan su técnica y sus mentiras se vuelven más elaboradas y son más difíciles de detectar.

(Fuente: BBCnews – imagen: Baidu)